Baja asequibilidad para compra
Baja asequibilidad para compra
La asequibilidad de la vivienda en Argentina representa una de las principales barreras estructurales para el acceso a una solución habitacional adecuada. El desajuste entre los ingresos de los hogares y el costo del acceso a la vivienda —sea por compra o para la autoconstrucción— compromete la posibilidad de satisfacer otras necesidades esenciales y agudiza los patrones de exclusión residencial.
Dimensión del problema
36 a 49 años de ahorro necesitan los hogares argentinos
para adquirir una vivienda de 50 m2, considerando ingresos promedio y precios de mercado actuales en Argentina (CEEU, 2025).
Este indicador, muy por encima del umbral internacional recomendado del 30% del ingreso mensual, refleja una desconexión crítica entre el sistema habitacional y la realidad socioeconómica de la población.
Causas clave del problema:
- Creciente brecha entre ingresos y precios inmobiliarios impulsada por la valorización del suelo urbano, la inflación, y la falta de regulación efectiva del mercado.
- Acceso restringido al crédito hipotecario: con escasa disponibilidad de financiamiento a largo plazo, altas tasas y condiciones excluyentes para amplios sectores sociales.
- Oferta habitacional orientada a sectores de altos ingresos que reproduce esquemas de exclusión territorial y reduce a la producción de vivienda asequible.
Lineamientos para la acción:
- Diseño y producción de soluciones habitacionales asequibles adecuadas a las condiciones socioeconómicas de los sectores medios y populares, con foco en innovación constructiva y eficiencia en costos.
- Participación en esquemas de financiamiento mixto como fondos de inversión social, fideicomiso de acceso progresivo a la vivienda o alianzas con organismos multilaterales.
- Colaboración con el Estado en proyectos de desarrollo urbano inclusivo, que activen suelo ocioso y promuevan modelos de acceso alternativo como alquiler social o propiedad compartida.
La baja asequibilidad para la compra de vivienda es una de las principales causas de exclusión residencial en la Argentina. El desajuste entre los ingresos familiares y los costos de mercado impide que amplios sectores accedan a una vivienda adecuada, perpetuando la desigualdad urbana. En este contexto, la Cooperativa La Fábrica, desarrollada por el Movimiento de Ocupantes e Inquilinos (MOI) a través del Programa de Autogestión para la Vivienda (Ley 341/00), constituye una respuesta estructural que combina acceso, asequibilidad y participación social.
El proyecto se desarrolla en la eximprenta Amorrortu, un edificio industrial adquirido en 2001 por la cooperativa con apoyo del Instituto de la Vivienda de la Ciudad. Allí, 50 hogares organizaron un proceso de restauración y refuncionalización autogestionado, transformando una antigua fábrica en un conjunto habitacional cooperativo. La construcción se realizó mediante la mano de obra complementaria de sus propios habitantes, articulando trabajo, aprendizaje y construcción de comunidad.
Las viviendas se estructuran como unidades dúplex, acompañadas por dos salones de usos múltiples, un local comercial y un patio comunitario que recorre toda la planta baja. Estos espacios compartidos no son accesorios, sino el reflejo de una forma de habitar basada en la cooperación y el derecho colectivo al hábitat.
La Cooperativa La Fábrica demuestra que es posible acceder a la vivienda sin depender del mercado especulativo, mediante modelos de propiedad colectiva, financiamiento público y gestión participativa. El proyecto encarna los valores de igualdad, solidaridad y autogestión, consolidando una alternativa real frente a la baja asequibilidad del acceso a la vivienda urbana.
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La baja asequibilidad para la compra de vivienda es uno de los principales desafíos del hábitat urbano contemporáneo. Frente al incremento sostenido de los costos de construcción y suelo, el acceso a la vivienda propia se vuelve cada vez más limitado. El Edificio Mandel III, proyectado por el Estudio Arzubialde en la ciudad de Santa Fe, constituye una respuesta arquitectónica innovadora a esta problemática, al combinar eficiencia constructiva, sostenibilidad y diseño de calidad en un emprendimiento de propiedad horizontal.
Ubicado en la esquina noreste del Pasaje Maipú y calle Urquiza, el edificio se implanta en un terreno acotado y adopta una estrategia urbana sensible: el volumen se recuesta sobre las medianeras sur y oeste, liberando la esquina para conformar una plazoleta arbolada que actúa como acceso peatonal y espacio público. Lejos de reducir los sectores comunes —habitualmente considerados improductivos en términos económicos—, el proyecto los convierte en su eje estructurante.
La totalidad del volumen se organiza en torno a espacios de uso común ascendentes, que incluyen amplios palieres, escaleras abiertas y una terraza verde en el cuarto piso, desde la cual emerge una escalera/balcón que recorre los siete niveles superiores. Este sistema promueve encuentro, ventilación cruzada y contacto visual con el entorno, mejorando las condiciones ambientales y sociales de un edificio compacto.
Desde lo técnico, el proyecto incorpora soluciones que reducen costos y optimizan el rendimiento energético: una estructura de losas alivianadas sin vigas que minimiza el uso de hormigón, y una fachada auto-sombreante formada por parasoles de hormigón premoldeado y muros interiores de ladrillo celular. Este sistema constructivo liviano mejora el aislamiento térmico y disminuye el consumo energético.
Con 18 unidades entre 40 y 65m², el Edificio Mandel III demuestra que es posible producir vivienda asequible sin renunciar a la calidad arquitectónica ni al valor urbano. Su diseño ofrece un modelo replicable que integra sostenibilidad, racionalidad técnica y espacios colectivos, contribuyendo a redefinir las condiciones de acceso a la vivienda en las ciudades argentinas.